Doomsday Clock #11
Tras otros
dos meses de espera, llegamos a la penúltima entrega de esta apasionante
historia, un número denso en el que Johns y Frank fusionan todas las tramas y
nos conducen hasta el clímax final. Probablemente
este sea el número de mayor contenido de la colección, lo cual supone que se
nos ofrece una gran cantidad de información. En el décimo número ya se nos
contaban bastantes cosas, y quizá fuese de mayor complejidad, pero aquí tenemos
un sinfín de comentarios que nos relatan en tiempo real lo que está sucediendo
en el universo DC, que no es poco. Es una gran lectura, aunque no precisamente
amena. De cara a la conclusión, ya podemos imaginar el papel que tendrán los
personajes involucrados y cómo serán algunas situaciones, pero el cómo se
solventará todo y en qué derivará, siguen siendo una incógnita. Pero eso ya
llegará, ahora toca desgranar lo que cuenta este undécimo número.
Los planes de Ozymandias
En un
inicio se nos mostró a un Adrian Veidt abatido, su plan maestro para salvar la
humanidad, a costa de los habitantes de la gran manzana, terminó siendo un
fracaso y toda la verdad salió a la luz. Estaba muy enfermo y su única
esperanza era convencer al Dr. Manhattan, su antiguo compañero de filas, para
que les salvara. Teniendo en cuenta que el personaje siempre ha ido acompañado
de un aire divino e imponente, era una situación extraña para él, aunque por el
contexto en el que se encontraba era entendible. Pero una vez se desveló la
mentira que era su enfermedad y cómo manipuló a Reggie (el nuevo Rorschach), el
personaje volvió con todas sus fuerzas, alterando de manera partidista las
fichas del tablero en beneficio propio.
Durante sus
investigaciones, descubrió que la teoría de los superhombres era cierta,
suponemos que por su intelecto, y decidió manipular a Firestorm, llevándole al
límite y causando la explosión que vimos en el número 8 (Rusia). Veidt quería
que el mundo perdiese la fe en Superman, así que se las apañó para ponerle en
contra de la opinión pública durante su defensa de Firestorm, viéndose
arrastrado hasta la mencionada explosión. De nuevo Superman está en el centro
del tablero, en este caso como la pieza que mantenía unida a la humanidad. Pero
cuando deja de ser adorado como el salvador de La Tierra, todo se viene abajo,
tal y como ha pasado. Este razonamiento es muy inteligente, puesto que nadie
sabe más que Ozymandias sobre lo débiles que son las bigas que sostienen el
mundo unido y en paz. Su fracaso como salvador de la realidad le ha dado la
experiencia necesaria para saber cómo hacer que el mundo arda.
Veidt
quería que la partida tuviese dos jugadores (Superman y Manhattan), siendo él
la mano invisible, así que tenía que deshacerse del resto de metahumanos que
habitan esta realidad. Para descubrir cómo lo consiguió tenemos que volver una
vez más a la explosión de Rusia, donde manipuló el suceso de manera que el
rastro de energía llevase a los héroes hasta Manhattan, que posteriormente se
encargaría de inutilizarles en Marte. De esta manera ya tenía a los dos
superhombres en solitario. Parecía que la relevancia de Bubastis en la historia
restante iba a ser nula, pero no es así, sino que sigue siendo una pieza
fundamental en los planes de Ozymandias. Recordemos que esta particular mascota
fue creada con trazas de la energía de Jon, gracias a lo cual Veidt consiguió
llegar al universo DC. Pues de esa misma manera creó el rastro de energía falso
que inculpó a Manhattan en la novena entrega.
Ahora bien,
¿qué hay detrás del plan de Ozymandias? Al parecer el objetivo inicial es lo
único que era cierto, quiere salvar su universo de la aniquilación y, por el
camino, hacer lo propio con el de los héroes de DC. Es algo bastante lógico,
dado que Veidt es un megalómano narcisista al que le gusta ser "El
Salvador". Está por ver qué consecuencias tendrá esta vez su plan de
salvación planetaria, y si todo ello no desemboca en una total destrucción de
las realidades conocidas. Ha dejado claro que está dispuesto a ser un mártir, a
sacrificarse para conseguir sus objetivos, así que no sería de extrañar que
tuviese un desenlace fatal.
Lex Luthor
Lex regresó
de manera definitiva a Doomsay Clock en el número nueve, una vez recuperado del
disparo que recibió fruto de su encontronazo con Veidt y El Comediante. En el
repaso a las incógnitas que dejó la colección hasta el número 8, comentaba que
Lex debía tener algún tipo de influencia de cara a la conclusión de la
historia, y parece que así va a ser. Pero su protagonismo va a tomar un camino
bien distinto al que esperábamos. Parecía que iba a estar ligado a la
conspiración de los superhombres, pero ya vimos que no fue así, sino que su
papel en la historia va a estar conectado con el mismísimo Dr. Manhattan. En el
mencionado número 9 ya vimos que estaba al corriente de las alteraciones que
había sufrido la realidad, enviándole a Lois Lane los archivos de la extinta
JSA, pero aquí descubrimos que ha estado investigando las manipulaciones de
Manhattan desde el regreso de Wally West.
En este
undécimo número Lex le revela a Lois Lane que el Dr. Manhattan ha ido dejando
un rastro en cada una de sus apariciones en el universo DC, desde su llegada al
mismo en 1938, cuando se topó con Carver Colman. El rastro en cuestión no es
meramente una marca espacio temporal, sino que tiene una forma muy concreta, la
de la mítica fotografía de Jon junto a su antigua pareja, Janey Slater. Esa
fotografía es uno de los elementos más representativos del personaje, siempre
ligada a su figura, como el reloj de muñeca. En el cuarto número de Watchmen,
una vez que Jon ya estaba en Marte y había perdido la poca esperanza que le
quedaba en la humanidad, Moore y Gibbons nos mostraban su vida y su percepción
del tiempo, con la fotografía como eje central. Al dejarla caer sobre la arena
de Marte, parecía dejar de lado su vida anterior y, en consecuencia, su lado
humano, pero paradójicamente, ésta le ha seguido a través del espacio tiempo.
Luthor ha
ido siguiendo el rastro, recopilando las decenas de fotos de Manhattan, a la
par que conectaba los lugares de aparición con las anomalías espacio temporales
que se producían. Las fotografías son idénticas las unas con las otras, la
pregunta es: ¿Por qué han ido apareciendo en cada lugar en el que viajaba Jon?
Me alegro de que Johns le vaya a dar a Luthor un papel en la historia, y que no
haya quedado en algo meramente anecdótico. Es la persona más inteligente del
mundo, alguien obsesionado con Superman y que está al corriente de los peligros
o alteraciones que sufre La Tierra, así que tiene sentido que fuese el primero
en descubrir a Manhattan. Ahora Lois también sabe qué hay detrás de todo lo que
está pasando y será interesante ver qué hace con esa información.
Saturn Girl
En la línea
temporal actual, la Legión de Superhéroes no existe, así que es razonable
pensar que la presencia de Saturn Girl (Imra Ardeen) en esta realidad se deba a
que viene de otro tiempo, de uno en el que sí existe la Legión. Imra asegura
estar ahí para evitar que una alteración temporal afecte a Superman,
refiriéndose al Doctor Manhattan. Tiene sentido que ese sea su propósito,
puesto que la presencia de Superman es lo único que posibilitaría el regreso de
La Legión, siempre que consiguiera derrotar a Manhattan. Tal y como comenté en
los análisis de los anteriores números, la existencia de La Legión está muy
ligada a Clark, no solo porque su actividad superheroica haya provocado la
aparición de muchos otros vigilantes, sino porque Superman es, en parte, la
inspiración de La Legión. Otra posibilidad que explicaría la presencia de Imra
en esta historia es que se hubiese visto atraída a este tiempo por el
Metaverso. Recordemos que esta realidad intenta expulsar al parásito temporal
(Manhattan) de su interior, así que Imra podría formar parte de la resistencia
del Metaverso, como ya lo fuese el regreso de Wally West o los recuerdos de
Johnny Thunder.
Imra está
cautiva en la guarida de Ozymandias, junto a Johnny Thunder, con quien ha
estado unida desde el quinto número de la colección, representando el ayer y el
mañana del universo DC. Pero en el número que hoy nos ocupa presenciamos como
Imra se desvanece y deja de existir. Veidt teoriza que sucede porque ella ya no
forma parte de la línea temporal, lo que nos llevaría a pensar que la existencia
de Superman está en peligro, pero no parece que así vaya a ser, pues Ozy cuenta
con que el bueno de Clark sobreviva a lo que vaya a suceder. Veidt consigue
manipular a Imra, destruyendo poco a poco su esperanza. Teniendo en cuenta el
momento en el que desaparece, podríamos llegar a la conclusión de que se debe a
que ella cae en la cuenta de que Superman ni siquiera sabe quién es ella, así
que no es posible que exista. Eso supone que Clark no ha compartido aventuras
con La Legión, que no se conocen, así que ese no es su lugar. Menuda paradoja,
y no es la única, pues durante toda la conversación, Veidt hace algunos
alegatos en relación al futuro que nos cuesta dilucidar.
En su
última frase Veidt dice que Johnny Thunder es del pasado, y que el pasado no se
borrará. Entonces, ¿su plan contempla el restablecimiento de la línea temporal
anterior a la llegada de Manhattan, en la cual la JSA existía? Aun así, esa
continuidad no es la actual, así que no debería seguir ahí. Con esa afirmación
Veidt da a entender que el futuro, por lo menos el de la Legión, sí se borrará,
pero al desvanecerse Imra su anillo de vuelo legionario cae al suelo, ergo sí
existirá. Quizá Saturn Girl simplemente ha sido recolocada en su tiempo. Imra
estaba convencida de que conocía el futuro y que todo terminaría bien, pero
ahora no tenemos claro si su visión de lo que sucederá era sesgada.
El Mimo y La Marioneta
Esta
peculiar pareja protagonizó buena parte de la primera mitad de la historia,
pero desde entonces sus apariciones han sido menos cuantiosas. Van a tener su
lugar en el número final, como todos los personajes de Watchmen, pero está por
ver si tendrán algún momento destacable. Hasta ahora, dos incógnitas
acompañaban a los personajes, la importancia de su hijo y la naturaleza metahumana
(o no) de El Mimo (Marcos Maez). Empecemos por los supuestos poderes de este mudo personaje.
Nos han hecho creer en varias ocasiones que, a través de la mímica, utilizaba
objetos invisibles, lo cual no debería ser posible, puesto que, sobre el papel,
el Dr. Manhattan es el único metahumano del universo Watchmen. En este número
tenemos otro momento similar, pero esta vez no queda tan claro si se trata de
alguna clase de truco o si de verdad tiene habilidades especiales. El momento
en cuestión tiene lugar cuando Maez hace un gesto que nos invita a creer que hace aparecer a El Comediante (atrapado por ellos) sobre los
matones de El Joker, pero quizá estuviese enganchado a la pared y
mediante algún dispositivo lo haya soltado. También puede ser que simplemente
tengan objetos invisibles o maneras de ocultar aquello que quieren.
El segundo
misterio es el que conforma la importancia de su hijo. Manhattan desveló en el
séptimo número que su vástago era importante, pero no sabíamos si se refería al
primero, el cual le quitaron a La Marioneta cuando dio a luz en prisión, o si
se trataba del segundo, todavía no nato. Es Veidt quien nos saca de dudas,
mientras le revela los pormenores de su plan a Saturn Girl. Adrian decidió
traerse consigo a la pareja porque en el pasado Manhattan mostró clemencia por
ellos y no les mató, creyeron que fue porque ella estaba embarazada, pero el
motivo real fue porque la niña que crecía en su interior ayudaría en un futuro
a alguien que apreciaba. Cuando se topó con La Marioneta, vio que su hija
nacería en la cárcel y que terminaría siendo dada en adopción a una feliz
pareja que no podía tener hijos, Laurie Juspeczyk y Dan Dreiberg. Por aquel
entonces, Manhattan todavía no le había dado la espalda a la humanidad y le seguía
teniendo cariño a Laurie (a su indiferente manera). Pero una vez cumplieron su
función, son totalmente irrelevantes para Jon, así que no sirven para el fin de
Ozymandias.
El manejo de los tiempos y la narración
Como decía
al principio del artículo, en este número suceden bastantes cosas y se nos da
una gran dosis de información, ya sea fruto de la interacción entre los
personajes o a través de los distintos informativos que aparecen de fondo. Pero
entre toda esa locura nos encontramos con páginas y momentos en los que impera
el silencio, una decisión acertada por parte de Johns. No solo porque le da un
respiro al lector y rebaja la densidad de la narración, también porque nos
enseña que todo ese torrente de información no es gratuito ni sale de la nada,
sino que tiene un sentido y un por qué. Por ejemplo, cuando vemos a Alfred en
la soledad de la mansión Wayne, no hay necesidad de tener un noticiario de fondo,
ni cajas de texto por doquier, sino que lo que tenemos es una secuencia muda y
cotidiana. En cambio, cuando el número nos lleva hasta la base de operaciones
de Ozymandias, sí tenemos un sinfín de telenoticias y de transmisiones
informativas, pues tiene decenas de pantallas conectadas. Ese repiqueteo
constante de información es coherente, aparece de los monitores, tablets, televisiones
etc. que escuchan los personajes, no solo Veidt.
Todo lo que
se nos cuenta aquí ocurre más o menos al mismo tiempo, lo cual hace que todo
sea relevante y que sintamos que cada una de las tramas nos conduce hacia el
final, la batalla entre Superman y el Dr. Manhattan. En las constantes
apariciones de los informativos 24 horas, los reporteros nos cuentan varias
historias al unísono, mientras el dibujo nos muestra escenas o acciones
concretas. Es decir, mientras estás inmerso en la trama de Lois y Lex, no te
desconectas de lo que está sucediendo en las demás ubicaciones, pues te van
actualizando la información cada vez que pasan por delante de un televisor. Es
una sensación similar a cuando ocurre algo trascendental en el mundo y todos
los medios de comunicación ponen atención en ello y tú lo vas siguiendo
mientras haces otra cosa. Por ejemplo, al principio del número nos contaban que
Rusia le había puesto una fecha límite a Estados Unidos para que detuvieran a
Superman, a lo largo de las páginas vamos viendo la decisión que toma el
gobierno federal y al final que Superman decide no entregarse y que esa fecha
límite es sobrepasada.
Tenía un
sinfín de cosas que contar y es gracias a este recurso que consigue avanzar
todas las tramas y dejarlo todo preparado para el gran final. De esta manera no
tiene necesidad de dedicarle varias páginas a cada conflicto y suceso, sino que
a través de estos bocadillos de fondo se pueden finiquitar tramas y aclarar
otras. No todo tiene que verse reflejado en las viñetas, con los recursos y el
contexto adecuado se pueden contar muchas cosas al mismo tiempo. Así pues, la
parte de Wonder Woman en la ONU y la decisión de las Amazonas de no entrar en
combate y llevarse a Diana a Temiscira se soluciona en 3 o 4 viñetas, en lugar
de en 6 o 7 páginas. Todavía tienen que pasar muchas cosas, pero viendo todo lo
que nos han contado aquí Johns y Frank, tengo fe en que serán capaces de darnos
un final a la altura y dejarlo todo más o menos finiquitado.
@greenlanternBCN










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